El Alzheimer afecta a más de 800.000 personas en España. No existe tratamiento curativo. Lo que la investigación sobre arándanos ecológicos está encontrando no es una cura, pero sí algo relevante para la prevención y el retraso del deterioro.
Las antocianinas llegan al cerebro
Estudios publicados en el Journal of Agricultural and Food Chemistry han demostrado que las antocianinas de los arándanos, en concreto la cianidina-3-glucósido y la delfinidina-3-glucósido, cruzan la barrera hematoencefálica y se acumulan en el hipocampo y la corteza cerebral, las áreas más afectadas por el Alzheimer.
Beta-amiloide y estudios en animales
En modelos animales de Alzheimer, el consumo regular de arándanos redujo significativamente la acumulación de placas de beta-amiloide en el hipocampo. El mecanismo propuesto es la inhibición de la enzima beta-secretasa por parte de las antocianinas.
En humanos
Un ensayo clínico de la Universidad de Cincinnati con 33 adultos mayores documentó mejoras significativas en memoria episódica y función ejecutiva tras 12 semanas de consumo diario de polvo de arándanos. Una revisión de 2024 en Advances in Nutrition que analizó 12 ensayos concluyó que los efectos son más pronunciados cuanto antes se inicia el consumo regular.
Prevención, no tratamiento
Los arándanos ecológicos no tratan el Alzheimer diagnosticado. Lo interesante está en la prevención y el retraso del deterioro, especialmente si el consumo empieza décadas antes de que aparezcan los síntomas. En una enfermedad sin cura, retrasar la aparición de síntomas 5 años es estadísticamente equivalente a reducir a la mitad el número de casos.
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